http://www.youtube.com/watch?v=2ogjTJsl_x0&feature=channel
Tomo la línea verde del metro, para después trasladarme a otros dos camiones, y además sola, yo sola hasta el Desierto de los leones, tantos lugares y no pude encontrar uno más lejos, ¿Por qué? Porque los recuerdos de la infancia me llevan a encontrarme con ese lugar tan lleno de tranquilidad.
Por fin llego a la entrada, donde grandes familias están reunidas comprando sus artesanías y la comida típica cocinada a la leña, pero este no es el lugar que busco. Bajo las largas escaleras hasta llegar al lugar indicado.
Un pequeño río que se filtra a través de las redondas rocas grises. Me siento en una de las piedras grandes y secas, observo los cientos de árboles altos que me rodean, todos de distintos colores, formas y tamaños. El agua del rió sigue corriendo, viene de más allá de la reja que la limita a seguir cayendo. Dos personas pasan y me ofrecen alquilar sus caballos por hora y por supuesto les agradezco y me niego. Montaré otro día, creo.
El cielo esta completamente azul, no hay nubes y la contaminación citadina se redujo al mínimo, en la orilla de los árboles se encuentran arbustos con pequeñas frutas en forma de fresa, extrañas.
Al fin termino de observar y cierro los ojos, ¿Qué hay más allá de lo que he visto?, talves la risa de niños mojándose en la corriente del arroyo, una propuesta matrimonial pudo tomar lugar aquí, melancolía y lagrimas que alguien vino a derramar frente a los pinos verdes; yo y mi familia hace 10 años cuando venimos por primera vez.
Y las fotos no pueden describir las sensaciones de cada situación, las emociones que se vivieron en este pequeño y alejado lugar. Los recuerdos se encuentran en el viento. Esas remembranzas no se pueden encontrar guardadas dentro de un objeto, los objetos sólo permiten recordar lugares, ocasiones. Pero nunca los sentimientos que vivimos en esos momentos, esos sólo se pueden encontrar en nuestra memoria.
Pero aquí y ahora en este aislado lugar, muchas historias se han contado, y todas éstas se unen, para dejarse contar a quien las quiera oír, a través del fresco aire que se respira aquí.
aBi
jueves, 17 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No montes a los pobres caballos. No vayas solita por ahí.
ResponderEliminarmmmmm.....encuentro un estilo particularmente conocido ....mmmmm